Esto no es una historia de fútbol. Una fábula de SeñorSanches.

¿Una final de Champions con un equipo español que no era el Madrid?

Si, el Barcelona se exponía abiertamente a una buena dosis de morbo para todo aquel que no fuera culé, y se medía con el Arsenal en Saint Denis. Corrían otros tiempos, no había procès, procéss o proceso… las rivalidades se quedaban en el “puta barca, puta Cataluña”, nadie tenía especial interés ni en irse ni en que se quedaran los demás y las banderas que no fueran blaugranas o blancas eran secundarias. Todo era un sentimiento de odio, meramente deportivo, antes de que la política lo contaminara todo con su habitual caca radiactiva.

Esa tarde noche, el Barça podía lograr su segunda Champions desde la proeza del 91 y hacer que el gol de Koeman no fuera una aislada casualidad. No era un partido de mi equipo, ni siquiera de mi segundo equipo, pero la final despertaba interés. El fútbol puede ser emocionante cuando los equipos que juegan te importan un huevo.

Sonó el teléfono, grata sorpresa de un amigo que suele aparecer de manera puntual y menos habitual de lo que quisiera, pero ahí estaba. Tenía entradas para un concierto en La Riviera y su chica no podía ir porque trabajaba en publicidad. La publicidad es una bonita profesión en la que si trabajas en agencia, tienes planes o entradas para un evento único en la vida, a las seis de la tarde todo está tranquilo y esperas como agua de mayo para irte, ni te lo pienses. Apaga tu ordenador, tu móvil, y huye sin ponerte ni el abrigo. A las 18:45 el teléfono de tu mesa sonará y te quedarás sin concierto y sin evento del año como Judas se quedó sin amigos, aunque llores suplicando que sacaste las entradas al nacer.

Y eso debió ser lo que pasó, porque mi amigo no tenía dos entradas, tenía tres. Probablemente algún compañero que se entretuvo dos minutos poniéndose el abrigo en recepción.

. ¿Un concierto de un grupo que no conozco, entradas compradas hace meses por tu novia la publicista moderna, en La Riviera que dicen que suena mal y dentro de una hora que empieza la final de la Champions?. -“¡Pues claro que voy!”.

Miento, la respuesta no fue tan inmediata. Durante unos segundos salieron un angelito y un diablito en miniatura a ambos lados de mi cabeza haciendo “POP! POP!”. No recuerdo cual habló primero ni quien dijo qué, pero uno susurró: “es la final de Champions, ¿te la vas a perder?“, – y el otro replicó “¿tu eres imbécil?”.

Eso bastó, a la media hora estábamos en el bar de al lado de La Riviera donde queda todo el mundo que va a conciertos a la Riviera.

Unos tercios en el bar, unos minis en la sala, y un concierto increible de un grupo de adolescentes  que tocaban pop inglés y ska de los 60. Todo marinado con unas primeras filas de skins dándose empujones y levantando sus Martens por encima de la cintura, sorteando las peladas cabezas de los de alrededor. Acojonante.

El Barça ganó su flamante copa con unos goles de nosequién en nosequé minuto. Seguramente una fecha inolvidable para muchos. También para nosotros. 17 de marzo de 2006, día que vimos al Sr. – chaval en esa época- Alex Turner y su banda Arctic Monkeys, en su primera gira en directo tocando al completo el  Whatever people say I am, Thats what I´m Not, en un concierto de apenas una hora.

Ese día aprendí algo que me dijeron, poniendose de acuerdo por una vez, el angelito y el diablito de ambos lados de mi cabeza: “Nunca dejes de ir a un concierto por un partido de fútbol”.

EPÍLOGO

11 años después, el Madrid jugaba una nueva final contra la Juventus de Turín. Coincidía con un doble concierto de un amigo y su grupo llamado La Ganga Calé. Eran teloneros de Amparanoia en las fiestas del barrio de Hortaleza. El Madrid ganó otra copa, el angelito y el diablito de mi cabeza hacían sus apuestas deportivas, y yo tomé, entre otras muchas, la foto que encabeza esta historia.

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